monti otoño 2013

monti otoño 2013
Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

lunes, 21 de septiembre de 2009

EL PARISIEN, KAYMUS Y TORRIJOS (Novedades buenas y no tan buenas)

A pesar de la situación económica, lo bueno sigue triunfando. Si no lo creen ahí está para corroborarlo la tercera tienda de El Parisien en pleno centro de Valencia. En la poco transitada calle Soledad, al lado de la plaza de la Universidad, de espaldas a la supuestamente glamorosa Poeta Querol. Abierta hace pocos días este grupo de pastelerías, propiedad a lo que parece de un matrimonio inglés, demuestra que las cosas se pueden hacer bien y triunfar en el intento. No piensen por ello que borran a lambert del mapa. En modo alguno.

Algo parecido se puede decir de Kaymús, en dónde la familia Romero con el cordial Nacho a la cabeza se esfuerza por agradar y lo consigue. Platos de buena factura. Precio, de momento, ajustado en las entradas y menos en los principales. Esto es algo que deben cuidar si quieren mantener el atractivo. No está el horno para grandes dispendios y algunos detalles, como el precio de las propuestas fuera de carta, no apuntan en la buena dirección. Pero de momento es de lo mejor que hay disponible en Valencia. A aprovechar mientras se pueda. Insisto: ojala no metan la pata con los precios como tantos otros.

Y lo malo sigue siendo igual de malo se llame como se llame y sea quien sea el chef y el dinero que se gaste en relaciones públicas. Visita a Torrijos a finales de julio. Un desastre sin paliativos. Desde la desfachatez del camarero en la contestación cuando al entrar se recuerda que la reserva es para una mesa de no fumadores, "si da lo mismo..." hasta el querer pasar como un error el intento de "colar" un vino blanco de una añada vieja. Impresentable. Hacia tiempo que no visitaba este en otros tiempos (hace ya mucho ciertamente) templo de la gastronomia valenciana (Ay! Oscar por qué te cansaste!!), pero tardaré otro tanto en volver. Quintana y sus propuestas, con estrella Michelín o sin ella, carecen de interés alguno. La máxima parece ser a cada plato su caldo. Están pensadas para comidas de empresa (la antítesis de la gastronomía) o para quienes se incorporan ahora a ella y se asombran ante nada. No innova (no confundir con modificar la carta) desde no se sabe cuando. Se nota.

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