monti otoño 2013

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Los mandarines y pontífices, la crítica gastronómica y la Red

Llevo en pocas semanas leídos ya media docena de descalificaciones, repletas de improperios, a la crítica, o simple opinión, gastronómica en la Red. Todas ellas de reconocidos comentaristas de los medios escritos de comunicación, algunos incluso críticos (en alguna ocasión). Alguno, incluso autor de meritorios Anuarios.

Es sorprendente el papel que puede deducirse que se pretenden arrogar: el de interpretes únicos de qué está bien y de qué no en el arte del buen comer y mejor beber. Como si el maltrato recibido en un restaurante o su deficiente calidad, nunca reseñados por ellos porque nunca lo sufriran por ser quienes son, no justificara un desahogo. Más: como si el lector de los mismos en alguna red fuera un subnormal incapaz de enterderlo como tal.

Ello además de otro elemento relevante que transcribo de alguien que sabe mucho más que yo aunque esté referido a la Red en general pero es de aplicación: "se echa de menos en su panorama algo más de acento en la vertiente creativa de la Red, que sin duda es importante. Hay gentes, que nunca habrían accedido a publicar en las ágoras que controlan los mandarines de la cultura y el mercado, que ahora publican y con mérito. Y si alguno lo hace por exhibirse es con el mismo derecho que tienen a exhibirse los pontífices de la opinión". Pues eso.

sábado, 28 de abril de 2012

Gastronomia en Valencia: e pur si Muove

A pesar de la falta de atención de nuestros representantes públicos a todo lo que dentro de la gastronomía genera valor y riqueza, la ciudad de Valencia -como la Comunidad en su conjunto- está demostrando en estos momentos que tiene capacidad para transformarse. Aunque sea a costa de perder buenas parte de las referencias pasadas.

Escribió Joanot Martorell, en El Tirant, que "aquesta noble ciutat -València- vendrà per temps en gran decaïment". La obra fue escrita en 1490, cuando iniciaba una decadencia que duraría siglos y la llevaría perder todo su esplendor como referente en el Mediterráneo.Pero mucho me temo que, tal y como están las cosas, la constatación podría haberse escrito ayer. Al menos en relación con la gastronomía. Cada semana un referente desaparece. Ésta anuncia el cierre Sangonereta dentro de esta ola de destrucción que lleva camino de llevarse por delante mucho de lo que tenemos. Y no es lo diga yo: son los propios políticos que gobiernan los que a cada paso nos lo recuerdan aumentando nuestro desconcierto. Claro que su apoyo a las iniciativas dentro del sector ha sido hasta el momento nulo. Así que igual, en este terreno, no son muy de fiar.

De hecho algunos amigos que considero expertos me ilustran acerca de lo que, según parece, en economía se conoce como destrucción creativa. En síntesis, que mientras unas cosas desaparecen (Torrijos, Albacar, Huertas, Castillo, etc.) otras nuevas aparecen. Y en mi opinión no les falta razón. Dentro de una etapa nada boyante hay iniciativas muy destacables que no deben pasar desapercibidas. Hay muchas más pero a continuación les comento algunas. Aún a riesgo de opinar en exceso, por una vez, sobre cuestiones que no son de gastronomía.

1.- Puntdesabor.com. Dada su importancia como síntoma de los nuevos tiempos quisiera dedicarle próximamente un comentario. Pero aunque ha recibido atención notable en los medios de comunicación, la tienda del sindicato Unió de Llauradors i Ramaders del País Valencia en pleno centro de Valencia es una iniciativa que desvela la profundidad del cambio. Productos directos del productor al consumidor sin intermediarios. Si los que se envuelven en la senyera, como ese gran empresario de siempre precios bajos que es valenciano como podría ser birmano o sudafricano, prestara algo de atención a los productos locales otro gallo nos cantaría.

Que junto a un buen número de productores de naranjas individuales, que las comercializan en internet, un sindicato se lance a comercializar productos es un motivo de alegría. En un mundo como el actual el papel de estas organizaciones no puede ser el del pasado: es condenarse a morir o convertirse en un saprófito del sistema. Pero que lo haga en el centro de la ciudad y con una tienda espectacular en diseño, más todavía. Ahora falta aumentar la oferta -muy modesta en mi apreciación- y poner en marcha la tienda online (al menos para los distritos del 460XX).


2. Las cervezas del mercado. La distribución de cerveza de calidad está mejorando de forma espectacular. A la expansión de las artesanales, excelentes todas las que conozco pero demasiado parecidas, se suma la oferta creciente de las procedentes de diversos países. Ahora con una nueva tienda en el mercado central (a la derecha de la rotonda central mirando a la pescadería) que hay que destacar. Sobre todo teniendo en cuenta, mal que les pese a mis críticos, que la situación del mercado (y no sólo el central) es muy mejorable. Ahí está la página web de mercados municipales hecha para glosar a la política de turno pero en modo alguno para dar servicio a sus usuarios.


Pero a lo que estamos: la iniciativa se suma a otras dos igual de relevantes. La apertura de una cervecería artesana Ruzanuvol en la Calle Luís Santángel, la misma en la que se encuentra una de las mejores tiendas de cervezas de España La boutique de la cerveza vinculada a tiendaonline Estucerveza.com aunque, para mi desgracia, la frecuento menos de los que desearía. ¡Y está abierta de lunes a sábado hasta las 21:00!


3. Vinos chilenos y alemanes. Y si la oferta de variedades de cerveza está aumentando a un ritmo más que notable, lo mismo sucede con la presencia de vinos de otros países hasta ahora sólo accesibles a través de un viaje a Madrid o compra online. En la calle Historiador Diago, casi enfrente del mítico Mey Mey -primer restaurante chino de calidad en Valencia- ha abierto una pequeña tienda de vinos vinculada a cuinare.com, una sugestiva iniciativa dedicada a "la cultura del paladar".

En este local, se pueden adquirir vinos chilenos y rieslings alemanes. En Vinos de Chile tienen una oferta de bodegas limitada, destacando los de Morande. Y lo mismo ocurre es los rieslings que tenían en el local respecto a los de la web. Pero en conjunto su calidad es buena y su precio atractivo. En su contra, su horario de sólo de tardes y sus limitadas aptitudes comerciales. Al menos el día de mi visita por no tener no tenían ni cambio de cinco euros. Pero es un ejemplo del dinamismo dominante, una versión chileno germana de Sorbito Divino que cuenta con una oferta de vinos también limitada pero a conocer.

En ambos casos, son ejemplos (como los previos) de que, a pesar de tanta palabra hueca de quienes deberían de impulsar y promocionar a los emprendedores y de sus tenebrosos presagios, la situación en modo alguna está estancada. Y que, a pesar de la que está cayendo, cabe ser optimista.

viernes, 20 de abril de 2012

Quique Dacosta 2- Paco Morales 3

Son Paco Morales y Quique Dacosta o Quique Dacosta y Paco Morales, dos grandes cocineros. Quizá los mejores de los que trabajan en la Comunidad Valenciana con permiso de Ricard Camarena, del que espero su vuelta a la imaginación tras esa etapa, yo diría que fallida respecto a su capacidad, en la Calle Almirante de Valencia. Y con permiso también del puñado de mujeres de las que poco se habla a pesar de ser uno de los rasgos más distintivos y destacables de la gastronomía valenciana. 

Visitados los dos en su más reciente versión extraigo la conclusión de que no hay por qué elegir entre uno u otro, que no hay por qué considerarlos excluyentes. Pero comparando aspectos homogéneos de los restaurantes en donde realizan su trabajo estos dos grandes cocineros, vence con autoridad en mi criterio.

Dacosta 1- Morales 0 : local y bienvenida. Quique Dacosta Restaurante muestra su mayor ventaja. Bocairent es una ciudad preciosa, como Denia, sin duda. Pero el viaje desde Valencia es infernal en su último tramo. Por otro lado, la señalización del restaurante -y del hotel- sigue siendo inexistente a pesar de no estar recién abierto.

La entrada al restaurante una vez en el hotel tampoco es simple a no ser que uno sea asiduo. Una joven en recepción ni se molesta en preguntar nada. Frente a ello, la empalagosa bienvenida de Didier (jefe de sala de Dacosta) es una sutil incomodidad del cliente en Denia. Aún unida a la obligatoria copa en unos sillones que pueden desriñonar a más de uno mientras saca del sobre la carta de esta temporada y degusta unos fallidos (gastronómicamente) aperitivos.

Como es molesto en Dacosta el excesivo tono de voz con las que el sumiller presenta los vinos. Pero para voces las que se oyen en la sala de Morales desde la cocina a pesar de mantenerse la puerta cerrada. Un comportamiento impresentable. Si a ello añadimos el verdoso de la iluminación y el deficiente y molesto sistema de aire acondicionado (que parece que ignora el sistema inverter de flujo continuo), aquí Dacosta tiene una muy destacable ventaja. A pesar de que sigue sin incluir perchas en sus minúsculos lavabos.


Dacosta 1-Morales 1 : servicio No es fácil decantarse en este punto por la superioridad de uno u otro. En ambos casos el servicio es muy profesional, al menos en la última ocasión que los he visitado, muy por encima de la media.

Didier Fertilati es cordial hasta el extremo de recibir con la más amplia de las sonrisas y con un "de nuevo bienvenidos" aunque sea la primera vez que se acude al loca de Denía. Es la confusión que le genera la similitud de apellidos en la precisión -diría que excesiva- de su base de datos. Y es, con frecuencia, en exceso prolijo en sus explicaciones ante cualquier pregunta. El hecho cierto es que uno no va a Dacosta para hablar con él.

Por contra, se agradece infinito la cortesía profesional en Morales. Y que el jefe de sala allí pregunte por el punto tanto del pescado como de la carne algo que casi nunca se hace en Denia en donde las preparaciones se comen como mejor le parece al chef. Pero si se siguiera con el símil deportivo, sería un tanto dudoso por en este punto ambos locales le transportan a uno fuera de la ramplonería dominante en la Comunidad Valenciana (aunque hay detalles de mejora que invitan ser optimista)


Dacosta 2- Morales 1: carta de vinos
 La mayor extensión del restaurante de Denia se contrapone a lo novedoso de algunas incorporaciones en la del local de Morales cuyo sumiller, sin embargo, mantiene una carta de blancos en exceso corta (aunque interesante en los franceses) y apenas se ha dejado tentar por los buenos vinos de esta tierra. Pero la cantidad, calidad y variedad de los vinos que aporta Dacosta es muy superior.

Y la capacidad de expresión verbal de su sumiller también. Lo cual no quiere decir que a la hora de elegir un vino nuevo, no conocido, mi experiencia en Morales haya sido más satisfactoria. Pero Navarrate tiene una memoria portentosa, diría que incluso excesiva en los detalles que aporta en la presentación del vino, y eso también muy de agradecer en muchos casos (no en todos).

Dacosta 2 - Morales 2: propuestas gatronómicas .Lleva años Dacosta intentando emular a Adrià. Aunque lo niegue, hasta un prudente comentarista como José Carlos Capel se ha percatado de este rasgo evidente. El problema es que Adrià sólo hay uno y los demás son copias. Por eso su menú de sabores es en mi opinión un esfuerzo en gran parte fallido. Lo cual no quiere decir que no haya elaboraciones magistrales siendo un excelente cocinero como es. Pero las combinaciones de sabores de El Bulli requieren criterio para no saturar al poco de empezar las papilas gustativas (y aun así en su etapa final el menú era en mi opinión excesivo en su extensión).

Esa saturación en Dacosta se produce demasiado pronto de forma que cuando se llega a los platos más consistentes, el paladar -el mío y el de mis acompañantes al menos- está ya KO. Lo que sí mantiene, incluso aumentado, es su gusto y habilidad para la espectacularidad de las presentaciones a pesar de que, en mi opinión, no ha vuelto a alcanzar las que había logrado antes de su paso a estos interminables menús de tapas (48 parece que probó Capel como privilegiado que es: los demás nos contentamos con algunas menos).

Frente a ello, Morales realiza una cocina mucho más clásica pero más espectacular incluso por su calidad y su elaboración. Se ha decantado, como no podía ser de otra manera en estos tiempos, por los menús (raíces, clásicos e innovación). Pero mantiene una carta a partir de ellos elaborada con criterio (algo bastante infrecuente aunque parezca mentira).

Aquí no hay la misma búsqueda de excepción cromática que destaca a Dacosta pero hay sabor, claro y nítido, gracias a una elaboración perfecta. Sin trampa ni cartón. Lo hay en los tres aperitivos que se incluyen y lo hay en los platos principales. En especial el rape, aunque también probamos un pichón con un perfecto punto de cocción -entre bleu y saignant y sin embargo todo él caliente- que nunca antes había probado. Pero desde la menestra a las mollejas todo estaba de diez.

En postres no destacan ninguno delos dos. Lamentablemente. Es éste un aspecto que se cuida menos de lo que se debiera. Pero poco más se puede añadir.
Dacosta 2- Morales 3: la factura. Me indica un conocido que Dacosta se vanagloriaba hace poco en una entrevista en prensa de que su relación calidad-precio es la mejor de España. Dudo que sea cierto y desde luego no puedo estar más en desacuerdo. Podría mencionarles una docena de restaurantes, en especial en la cornisa cantábrica, que le sacan gran ventaja. El menú a 130 euros me parece excesivo para un menú de tapas (por mucho I+D que tengan) como me lo parecen lo que cobra si se prefiere, que no es mi caso, el maridaje de vinos propuesto (70€ creo recordar).

Si además se toma una copa de champagne al entrar y un licor al salir, y se ha elegido un vino aceptable para la ocasión en lugar del maridaje, la factura le transporta a uno muy lejos de Denia, allá al norte de Europa, en donde los niveles de ingresos medios son mucho más elevados. Con lo cual sus precios van a acrecentar la tendencia ya percibida el pasado año de que la mayoría de sus clientes, ausentes los políticos en otros tiempos tan frecuentes (a costa del contribuyente), sean los turistas extranjeros que, desconociendo la guía de Antonio Vergara sin versión digital disponible, vienen con la Michelin debajo del brazo. Y desde luego lo visitan una vez peor no más. Por otro lado, algunos vinos están bastantes más que doblados en una tendencia tan francesa como criticable.

Tampoco es barato Morales. Pero si mucho menos caro que su contrincante (o compañero, como se prefiera). A menos de cien euros el menú innovación es una propuesta imbatible. Y más con los precios de la carta de vinos. Porque aunque la mayoría están doblados respecto a bodega, como hay amplia variedad de novedades de precio moderado, la cuenta sube mucho menos. Lo cual en estos tiempos es todo un detalle que se agradece.

Como todo no puede ser perfecto, veo en esta red que todo lo cuenta que ha empezado a compatibilizar su trabajo en Bocairent con su presencia en otro restaurante. En Murcia, para más señas. Sería bueno que aclarara qué tipo de colaboración va a establecer porque ya se sabe que quien mucho abarca poco aprieta. Y su presencia física, como la de Dacosta, en la cocina, es un elemento crucial para quien se acerca a degustar sus creaciones. Y no se puede estar en Bocairent y en Murcia al mismo tiempo.

viernes, 13 de abril de 2012

Clientes: un bien escaso que hay que cuidar

Entre lo que realmente es y lo que se rumorea que es, radio macuto ha cerrado más restaurantes que la crisis misma... aunque la situación actual de la gastronomía no es la mejor de las posibles. No es hora de mirar atrás para regodearse en los muchos excesos cometidos, pero sin entender qué se ha hecho mal, es difícil hacerlo bien.

Conozco un restaurante próximo a mi domicilio que siempre estaba vacío y desde que fue traspasado lo veo con muchas más mesas llenas. ¿Magia? Me temo que simple raciocinio de qué se pretende y cómo conseguirlo. Pero aunque pueda considerarse presuntuoso y además no pretenda tener la razón, aquí les incluyo diez reflexiones sobre el negocio hostelero. En todo caso, no conforman ningún tipo de varita mágica (no existe):

1. La pregunta clave: ¿Qué ofrezco que no tengan otros? Demasiado a menudo cuando propongo a los cocineros que conozco que se dediquen sólo a lo que hacen mejor, me responden que ellos hacen bien todo (pero tienen el comedor vacío). Me temo que su enfoque es equivocado excepto para su ego. La pregunta clave, incluso antes de abrir, es ¿por qué los clientes deben -deberían- decidirse por éste y no por otro local? No necesariamente estoy hablando de la cocina, pero también estoy hablando de la cocina. Ofrecer lo mismo que todos sólo se justifica cuando la localización, o el entorno, ofrecen ventajas evidentes. Pero eso es la excepción y no siempre es suficiente, como lo muestran tan frecuentemente las mesas vacía de El Alto de Colón. O en bastantes franquicias del entorno de las calles Paz, San Vicente y Plaza de la Reina, de Valencia. La diferencia de actividad en la zona de Conde Altea refleja que la localización no es suficiente cuando el número de restaurantes es espectacular.

2. Actuar pronto. Más vale pasarse que no llegar. En demasiadas ocasiones ya es demasiado tarde cuando se toman decisiones para evitar el cierre. Cierto es que nada hay más fluctuante que la demanda de restauración. Incluso en fin de semana. Un día pueden 'venderse' todos los cubiertos y al siguiente ni la mitad. Y algún día, en estos tiempos, ni uno. Pero el pulso de la tendencia no engaña y debe ser detectado desde el momento de la apertura. Si los números se han hecho bien, uno debe saber cuándo está dentro de la zona naranja, esa en la que si no se corrige lo que se está haciendo mal, el cierre será sólo cuestión de tiempo. Y siempre es mejor hoy que mañana. Público objetivo claro, contención de costes sin perder servicio y mucha profesionalidad. No hay otro camino.

3. Controlar la demanda. ¿Qué sale y que no sale? Pocos controlan, a pesar de la ayuda que brinda la informática, cuáles de los productos que ofrecen tiene más salida (los que tienen menos es fácil porque 
se acumulan y acaban -o deben acabar- en la basura). De ahí la epidemia del 'menú'como única opción que, por otra parte, no debiera ser incompatible con la carta elaborada a partir del mismo. Pero el menú impide saber con facilidad qué es lo que no gusta, con lo cual se pueden estar perdiendo clientes sin darse cuenta. Hay sistemas mil para evitarlo, como la pequeña encuesta que envía  Sargantana (se puede hacer con promoción incluida si las respuestas son pocas), pero cualquier cosa antes que quedarse sin información veraz. Y sin embargo, siguen siendo pocos los que la buscan de forma continuada de forma que la muestra sea representativa.

4. Ofrecer honestidad. La caja de hoy puede vaciar la de mañana. La dureza de los tiempos a los que nos enfrentamos está consolidando en demasiados locales la técnica del recalentado. No veo problema -siempre en función del precio, cosa que no ocurre- si se sabe conservar bien y calentar mejor. Pero ojo. Eso requiere un control estricto de los tiempos. Nada peor que el cada día más habitual coulant de chocolate casi congelado en su núcleo, o unas croquetas de marisco frías en su interior como las que tomé la última vez que fui, por largo tiempo, a Rías Gallegas. Por otro lado, hay platos que no pueden ofrecerse a partir de esta técnica (como el bogavante trinxat de Gloria Mar, que por otro lado ofrece una materia prima excelente). Empeñarse en mantenerlos en carta si no tienen salida es perder clientes.

5. Cuidado con las tapas. La misma a mayor precio irrita. Su menor coste, que debiera siempre reflejarse en menor precio, ha llevado a la multiplicación de su oferta. Pero ojo, si se ofrecen las mismas que todos (por ejemplo la consabida chistorra con hojaldre o los champiñones rellenos) y, por los mayores costes, su precio es superior a los de otros locales, muchos clientes se sentirán estafados e irritados. A pesar de que el servicio sea mejor y que el local también lo sea. Pero todo admite variaciones y es necio no aprovecharlas.

Ahí está la ensaladilla rusa de Kaymús -mil veces mejor que la media- para demostrarlo. Ahora bien, eso requiere definir previamente a qué tipo de público pretende dirigirse el local. Querer cubrir todos los segmentos es quedarse sin ninguno. Las comidas de negocios, las pocas que quedan, no son compatibles con pretender un 99% de clientes entre los turistas de Ryanair. Lienzo y su oferta de gastrotapas es un ejemplo poco seguido en Valencia, también en otras ciudades, que admite decenas de variaciones.

6. La imaginación al poder (y a la cocina). Se dice que a partir de cierta edad, la timidez es falta de educación. Pues lo mismo: a partir de cierto precio, no provocar ni briza de sorpresa sólo tiene sentido si uno se especializa en "cocina típica regional". La cual tiene su público como demuestran las colas antes de la hora de apertura los fines de semana en La Riuà. Sorprender no debiera ser la excepción sino la norma. Pero cartas como, por ejemplo, Victor Gutiérrez  en Salamanca las desconozco en la Comunidad Valenciana.

7. Cada cliente debe considerarse único. Hay gestos que no cuestan dinero y que siempre son agradecidos. Desde el saludo de llegada hasta la despedida. No hace falta ser tan afable como Juan María Arzak, ya mayor para desgracia de todos los amantes de la cocina, pero los clientes son personas, no tarjetas de crédito o carteras dispuestas a ser sajadas. Cuidar el servicio del vino, si lo hay, o acercarse a preguntar qué tal está todo (y no como simple formalidad que no admite otra respuesta que "bien"), es cada vez más menos frecuente entre nosotros. Y no debería ser así. No hace mucho en Argentina, fue suficiente que mostrara a la camarera el color -nada sonrosado- del bife y le preguntara si eso era poco hecho para que lo cambiara de inmediato. Aquí, eso -en el Araguaney de Burjassot, por ejemplo- me parece impensable. Si la carne está dura es problema de nuestros molares. Y los modos impresentables, desde el tuteo a los comentarios inadecuados sobre los gustos sobre los vinos debieran de cuidarse mucho más. Aquí, quedarse corto es mejor que pasarse. Un cliente no es un amigo. Y el 'colegueo' deteriora la reputación. Guste o no, los progres y los alternativos son minoría.


8. Ahorrar no es sinónimo de falta de detalles. Y hay algunos gestos que cuestan poco dinero y compensan. A partir de determinado precio de menú, servir el café sin un detalle dulce es sinónimo de cutrerío. Aunque sean caramelos de azúcar con alguna hierba (la pimienta de Sichuan va de maravilla). Es lo mismo que los aperitivos, un aspecto que ha cuidado como pocos Apicius, pero que la moza de sala se carga ante la pretensión, desmedida sin duda por estos lares, de que lo cambien por otro igual pero sin ajoaceite con un displicente "no se lo puedo cambiar que lo ha manchado". ¡Pues qué bien! Volverá su tía porque no yo, desde luego.

9. Atención a cómo se elabora la factura. Parece irrelevante pero no lo es. La falta de cuidado a la hora de elaborar la cuenta empieza a ser preocupante. No digo que sea mala intención, pero es demasiado frecuente la aparición de platos que no se han tomado, o sin posible identificación, o de un número de raciones que no se corresponden con los comensales. Eso cuando no se ponen todo tipo de excusas para rectificar una cuenta cobrada dos veces mediante tarjeta como en Trenca Dish, según el extenso cruce de correos que me envía un lector asiduo. De su lectura extraigo la conclusión de un comportamiento inaceptable por parte del responsable del restaurante que sólo reaccionó ante la amenaza de ponerlo en conocimiento de Aleixandre. De pena dónde estaba éste y dónde ha acabado: rodeado de maleducados.

10. La publicidad es imprescindible. Y lo más ignorado. Se tiende a identificar problemas de clientela con reducción de gastos. Para eso ya tenemos al Gobierno de la nación que, a mi modo de ver, nos va a arruinar a todos a cambio de nada. En todo caso, vivimos en un mundo en donde no vale hacerlo mejor que nadie. Ese mundo, por otro lado, nunca ha existido. Si los clientes potenciales no saben que somos los mejores de nada sirve serlo. Cuando las cosas van bien la publicidad boca a boca es suficiente. Cuando no, es necesario dar a conocer lo que se hace. No tengo la solución de cómo ni dónde. Pero sé que depende del tipo de público al que uno se quiera dirigir. Los voceros que se colocan, de forma creciente, a la puerta para invitar a entrar pueden ser útiles para los turistas (lo dudo). Pero entre clientes locales, irrita que le paren a uno cuando lleva viendo el restaurante meses o al menos semanas. Pero se debe divulgar qué se está haciendo. Y más si se cambia de línea para salir del agujero, en cuyo caso es imprescindible. Los que huyeron del estilo anterior no van a volver y los nuevos, si no se hace publicidad, no lo saben..

sábado, 7 de abril de 2012

Cuatro verdades sobre vinos

He comentado ya infinidad de ocasiones que me resulta muy difícil recomendar vinos. Si ya no es fácil decantarse por un tipo de cocina, la valoración de un vino parA el gusto de otros a los que no se conoce roza lo imposible. Y más cuando la calidad de la elaboración está mejorando de manera espectacular con lo cual ya no es suficiente escudarse en que al menos es un vino "bien hecho".

Aun así hay varias constataciones que no me resisto a transmitirles. En alguna ocasión durante estos meses pasados he pensado en incluirlas como coda del texto, pero como no le he hecho, las recojo ahora añadiendo el principal interrogante que me suscitó su cata: 

1· Rueda 2009, una añada a evitar. Con todo motivo, la DO Rueda ha ganado un lugar relevante entre los vinos blancos españoles. Y con más motivo todavía y dado el tamaño de las DO españolas, no se debe generalizar. Pero si usted es de los que piensa que la añada de esta zona de 2009 no es aceptable, aquí tienen un aliado incondicional de su opinión. 

Pensé primero que era la botella, luego la marca (Belondrade y Lurton), y ahora, después de haber probado varias botellas incluida, Ossian, estoy convencido de que es la añada: muy inferior a la media a pesar de mantener precios y valoración de los críticos. Por ejemplo respecto a la 2008 que era infinitamente mejor ¿Cómo cabe entender este mantenimiento de las puntuaciones en la mayoría de las guías?

Un Rioja destacable: Ramón Bilbao selección especial 2008. La atención que reciben los nuevos vinos lleva en ocasiones, al menos a mí, a descuidar las zonas productoras más tradicionales como es el caso de La Rioja. Por eso satisface encontrar un buen vino a precio razonable como este Ramón Bilbao. Un Rioja Alta moderno y al mismo tiempo con todos los rasgos del de toda la vida.

Pero todo no puede ser perfecto. Mi alegría al constatar que la bodega tiene una tienda on line en la que se pueden adquirir los vinos del grupo desaparece al constatar que los precios que marca son sensiblemente superiores no ya a los de otras tiendas on line sino en bodegas valencianas que no destacan por su competitividad. Lo venden a 10,30+IVA+transporte cuando en Valencia se puede encontrar por 12 euros y en internet por 8.80 (Santa Cecilia), o 9.65 en Decántalo. En ambos casos con IVA. ¿Es explicable esta política de precios?


3· Una sorpresa de la Ribera del Queiles: 32 de Winery Arts. Desde mi punto de vista la zona de España en dónde se elaboran los vinos más franceses. Si ya el Guelbenzu Evo era uno de mis preferidos a la hora de no poder tener a mano un original (nada habituales a precio aceptable en las cartas de los restaurantes españoles) descubro hace poco este tres al cuadrado de una bodega que, a pesar de su importancia, no conocía.


Nada partidario, como saben, de buscar frutas y demás historias en los vinos, sí les puede decir que es un vino agradable y de cierta complejidad. Uno de esos que da gusto beber porque su persistencia es la justa. Es un coupage en donde la garnacha no domina hasta anular a la merlot y la tempranillo a pesar de su potencia. Toda una lección, aunque aquí también tenemos varias, de cómo tratar esta variedad hasta hace poco tan mal elaborada. Todo, como en el caso anterior, por menos de 10 euros. ¿No hay un exceso de precio en muchos de los vinos que se comercializan?

Y 4· Toro: la consolidación de Almirez. Aunque supera los 10 euros en casi cinco, la cosecha 2009 de este producto de Marcos Eguren demuestra hasta qué punto necesitan los productores valencianos apoyo en su promoción. En muy pocos años Almirez se ha consolidado como una referencia entre los vinos de Toro de una bodega cuyos activos estaban localizados principalmente en La Rioja. En esta zona elaboraba dos de los, en mi opinión, mejores riojas que hay en el mercado, San Vicente y Sierra Cantabria Reserva de la Familia.

Para esta meteórica ascensión, Eguren ha sabido aprovechar de manera magistral las economías de escala y de conocimiento acumulado. ¿Tienen futuro en este mundo de grandes grupos y redes de distribución las pequeñas bodegas?